ARTE

El Jardín de las Delicias. Detalle

El Jardín de las Delicias

Poco o casi nada se sabe de El Bosco, el autor del maravilloso tríptico del "Jardín de las Delicias". Sus datos biográficos apenas vislumbran datos certeros de su vida. Lo que sí está claro es que dejó una abundante producción pictórica con un estilo tan marcado, que es fácil reconocer un cuadro suyo.

El tríptico de "El jardín de las delicias" engloba un impresionante simbolismo en cada una de sus partes. En la cara interior del panel izquierdo, se muestra el Paraíso terrenal, reducido a la escena de la Creación, con Adán despierto y el Creador aparece presentándole a Eva. La imagen de Dios, al igual que la de Adán, se aleja de la iconografía más extendida y retoma una forma antigua. Alrededor se puede apreciar una naturaleza y unos animales de especies raras o fantásticas. Los colores esmaltados van desde los verdes, que contrastan con la blancura de los cuerpos y el rojo del manto de Cristo, a los rojos y ocres y el azul intenso del fondo.

El compartimento central está subdividido a su vez en tres franjas: En primera línea aparece gran cantidad de desnudos femeninos y masculinos formando grupos o parejas, junto con extrañas especies y frutas, sobre todo fresas y moras, lo que evidencia un símbolo sexual. En el centro, hay una especie de desfile de hombres montados en varios animales, lo que podría simbolizar la lujuria alrededor de la fuente de la juventud.

En el fondo, se observa un laberinto en torno a la 'fuente del adulterio' y a sus cuatro lados, cuatro torres de diferentes formas y tamaños.

En la cara interna del compartimento de la derecha se representa el infierno, el reino de los pecados donde el pintor flamenco plasma los castigos físicos que se dan entre seres extraños que además portan instrumentos (haciendo quizás referencia al 'infierno musical').

En la parte central, aparece un mundo onírico, con criaturas fantásticas, y cuya figura central en un 'hombre-árbol', conocido también por un dibujo autógrafo del Museo Albertina de Viena y cuya mirada apunta directamente al espectador. Se ha interpretado en numerosas ocasiones como el rostro del propio artista y que con un torpe vendaje intenta ocultar una llaga producida por la sífilis.

Este óleo sobre tabla (200 x97, 5 cm) y que se encuentra en el Museo del Prado, posiblemente fue un encargo para Enrique de Nassau parece tras la muerte de este posiblemente el tríptico fue comprado por Felipe II de España y mandado llevar al Monasterio del Escorial.

El tríptico cerrado

En la parte exterior del tríptico, es decir, con el cuadro cerrado, se puede observar representado el globo terráqueo. Alude al tercer día de la Creación del mundo. Aparece la Tierra rodeada de una esfera transparente con figuras vegetales y minerales pero en ningún momento representa animales o personas.

La imagen aquí representada viene a simbolizar el tercer día de la creación. El número tres ha sido considerado un número completo, perfecto, ya que en sí mismo encierra el principio y el fin. Y aquí al cerrarse, se transforma, en el número uno, en el círculo: de nuevo nos permite vislumbrar la perfección absoluta y, quizá, a la trinidad divina. En la esquina superior izquierda, aparece una pequeña imagen de Dios, con una tiara y la Biblia sobre las rodillas.

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