
El estrés afecta a más de 40 millones de europeos y supone entre un 50% y 60% de los casos de absentismo laboral, superado sólo por las patologías de la espalda. La sociedad del siglo XXI se está habituando a convivir con el estrés. El trabajo, la competitividad, las obligaciones familiares, etc., cualquier circunstancia, tanto positiva como negativa, puede ser causa de estrés.
Pero, en realidad, ¿de qué hablamos cuando nos referimos al estrés? Una de sus definiciones es que es una respuesta de nuestro propio organismo, tanto física como mental, para adecuarse a una nueva situación. Si analizamos bien esta definición, nos daremos cuenta de que el estrés se comporta como un estímulo. Entonces, ¿dónde reside el problema?
Sufrir estrés en un momento determinado no es negativo, incluso puede ser útil. La situación de estrés nos ayuda a poner a salvo nuestra vida. Desde este punto de vista los efectos parecen ser más bien positivos. Todo nuestro ser está alerta, despierto y nuestra capacidad de concentración es óptima; el problema llega cuando el estrés pasa a ser crónico o muy agudo.
Si el estrés es crónico la respuesta del organismo se puede desentrañar en forma de cansancio, fatiga o un aspecto enfermizo. La piel es uno de los principales reflejos del estrés pues se muestra sin color, con signos de cansancio y envejecimiento prematuro.
Los principales efectos del estrés en sobre la piel son: acné, eczema, soriasis, picazón, sudor excesivo, acné rosácea, caspa, herpes oral y urticaria.
Actualmente, varias casas cosméticas han creado líneas, sobre todo para el cutis, específicamente diseñadas para tratar las pieles estresadas. El estrés produce desequilibrios hormonales que también afectan a la piel. Cuando hay una situación de estrés fuerte o continuo el cuerpo reacciona produciendo sustancias como el cortisol por las glándulas suprarrenales se encuentra controlada por la secreción de la hormona ACTH o la epinefrina. El exceso de estas hormonas produce un desequilibrio en el organismo que afecta a los estrógenos y la testosterona en el cuerpo que inciden directamente en el aspecto y nutrición de la piel.
Por último, la piel es un órgano que somatiza la mayoría de los conflictos y cambios vitales. Por ejemplo, si se sufre una dermatitis escamante la causa puede ser el estrés. Todas las afecciones cutáneas se pueden curar con tratamientos dermatológicos; sin embargo, la única manera de erradicarlos es tratando directamente la fuente: el estrés.
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