
La más definitiva de las depilaciones es la depilación definitiva eléctrica. Tiene varias ventajas sobre la fotodepilación: es indiferente el color de piel o de vello que se tenga; no provoca manchas de piel, ya que no altera los melanocitos.
Se puede hacer en centros de estética especializados en fracciones de tiempo que van desde los quince minutos a la hora completa... aunque muy pocas personas suelen someterse a una sesión tan larga. Para evitar malas experiencias debéis saber lo siguiente:
Antes de iniciar el tratamiento se hace ficha técnica completa (datos personales, historial médico, otros tratamientos, métodos de depilación que soléis usar...) y os harán pruebas de tolerancia y sensibilidad. Si la especialista tiene alguna duda os remitirá a un médico, seguramente un dermatólogo, para que éste evalúe la idoneidad de seguir el tratamiento. La depilación eléctrica es definitiva porque gracias a la aguja se conduce la electricidad hasta el bulbo piloso (raíz del pelo) y se mata la protuberancia. Cuando la electróloga saca el vello con las pinzas no sentiremos el tirón. Si se siente, es que la raíz aún no ha "muerto".
Después de la primera sesión la especialista que os lo haga os hará una serie de preguntas sobre el tratamiento: efectos, cómo te has sentido, etc.
Si queréis tener garantías de que la persona que os está haciendo el tratamiento está realmente cualificada podéis solicitar información sobre su formación, experiencia y cursos de reciclaje. Uno de los índices más claros para conocer su grado de actualización está en su conocimiento de las últimas novedades en normativa de salud y seguridad. Es muy importante, fijaros, que vista un uniforme y utilice guantes y agujas desechables y de un solo uso.
En cada sesión se aplica un gel desinfectante directamente sobre la piel antes del tratamiento y otro calmante al finalizar. Es indiferente que se extienda con la mano siempre que ésta esté protegida con un guante.
A veces, tras una sesión de depilación eléctrica, puede ocurrir que os aparezcan unas pequeñas costritas, como puntos, en la zona tratada. ¡No las arranquéis! Pasa porque la corriente utilizada es demasiado alta; comentárselo a la especialista en la siguiente sesión para que baje la intensidad de la corriente.
Cuando la depilación eléctrica es muy dolorosa, se debe a que la canalización (la inserción de la aguja en folículo piloso) no se hace correctamente, lo que también afecta al resultado final de la sesión.
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