
Es obvio que ha madurado mientras crecía como artista. ¿La inocencia de la principiante se pierde irremisiblemente o le queda un pozo de la que fue antes de conocer la fama?El instinto no ha cambiado, pero la inocencia se fue. No lo digo con tristeza, porque la inocencia es una cosa buenísima cuando una persona la tiene de una forma respetuosa con ella misma. Yo no me arrepiento de nada de lo que he hecho, aunque me doy cuenta de que la forma en que he explicado mis inquietudes a través de la música al principio de mi carrera no es la misma que utilizaría ahora. Antes era tan honesta... Bueno, la verdad es que trato de seguir siéndolo... Al principio, la gente me ha conocido con un estilo cursi, como todas las adolescentes. Y esa inocencia quedaba reflejada en mi trabajo porque siempre he tratado de explicarme con sinceridad. También, por esa inocencia, dejé que algunas personas me influyeran artística y personalmente. Eso tenía una parte buena, pero, por otro lado, me ha hecho perder cosas. Siento mucha ternura cuando recuerdo mis inicios, porque, aunque era inmadura, era muy entusiasta con todo lo que empezaba a abrirse para mí. Ahora soy mucho más independiente y más segura; más madura y con un carácter ya hecho. Soy muy exigente conmigo y con la gente que me rodea; soy muy trabajadora y muy pasional; soy una persona testaruda, en el buen sentido y en el malo...Cuando comprobó que el negocio musical no era tan idílico como pensaba, ¿sufrió un hondo desencanto?Sí, sí, absolutamente. Yo pensaba que la gente que me encontraría en el futuro sería maravillosa, como de cuento de hadas. Pero luego la vida te pone en tu sitio.¿Ha sufrido grandes deslealtades en lo profesional?Las he sufrido como persona y, lógicamente, se han visto reflejadas en mi música. He sufrido porque yo no quería cambiar mi actitud para adaptarme a un tipo de vida estandarizada. He luchado hasta el final para mantenerme al margen de esa cara de falsedad que tanto se da en mi trabajo. Y creo que lo he conseguido. Me siento una persona sincera, aunque eso, claro, me ha acarreado algún que otro problema. Pero yo creo que haciendo eso me respeto a mí misma y a la gente que me ha dado su confianza. La música no sólo me hace sentirme realizada, sino que me aporta equilibrio y felicidad. Cuando yo era pequeña, tenía miedo de ser una persona diferente a las demás, y la única manera que tenía de sentirme relajada e idéntica al resto era escribiendo una canción. Si yo ahora miento acerca de mi forma de ser, sería el error más grande de mi vida. Este es un trabajo muy particular: un año eres una estrella y al siguiente no existes. Y en ese momento, cuando ya has dejado de existir, te preguntas qué habrás hecho para llegar a eso. Pero lo más importante es no traicionarse nunca a uno mismo. Yo he tenido miedo de ser influida por las modas musicales, por la presión de la compañía discográfica... Pero rodearme de mis amigos ha sido vital, porque empezar de adolescente en este mundo y tener tanto éxito significa cambiar radicalmente tu vida, y yo no quería cambiar de esa forma tan drástica, sino tener un crecimiento progresivo. Viajar me encanta. Es casi como una droga que necesito tomarme todos los días: yo me siento un poco española, un poco mexicana, un poco finlandesa, y esa contradicción es parte de mi personalidad. Soy lunática porque así es mi vida. Vivo una semana en un lugar en donde el sol luce todo el día, como en Finlandia, y después tres días en un lugar en donde todo está oscuro.
En 1996 actuó en el Vaticano para Juan Pablo II. ¿Es usted una mujer religiosa?Sí, soy católica. Cuando era más pequeña decidí, sin el consejo de mis padres, pasar todas las tardes libres con hermanas y educadores eclesiásticos. Y con ellos he aprendido a leer el Evangelio, la Biblia, conocer cosas de la Iglesia y, sobre todo, la palabra de Dios. No tengo ninguna duda acerca de la existencia de Dios. Pero hay algunas cosas de la Iglesia que no comprendo. Ellos me han enseñado que cada hombre debe amar a sus hermanos, que todos somos iguales, que no existe el racismo... perfecto. ¿Por qué entonces cuando hablamos de personas homosexuales piensan que tienen problemas, que no son iguales a nosotros? Yo no lo puedo comprender. Sentir amor no tiene nada que ver con el sexo. No me parece bien que una institución decida lo que es o no justo para una persona. En cuanto al matrimonio y la convivencia, pienso que dos personas que creen en el sacramento del matrimonio y que quieren casarse deben conocerse profundamente. Y la mejor manera para que dos personas pueden conocerse, al ciento por ciento, es compartiéndolo todo. Desde lavarse los dientes juntos a hacer el amor.

Empezó como presentadora y ahora ya ha hecho un gran número de series y de películas de cine debido a su espectacular talento de interpretación.
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Rosa Mª Peris es la Directora del Instituto de la Mujer. La alarma que ha levantado la Violencia de género en España es uno de los temas que más preocupan en la actualidad.
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