
Ana García Mañas nos habla, desde la experiencia que día a día acumula como coordinadora del Centro Joven de Anticoncepción y Sexualidad de Madrid, de lo mucho que tiene que prosperar la sociedad en su conjunto en el delicado tema de la educación sexual. El aumento del número de abortos y embarazos no deseados en chicas de 15 a 19 años es constante desde 1990 y se trata de un problema que señala directamente a todos los actores implicados: instituciones, enseñanza escolar, internet, padres y, por supuesto, los propios jóvenes.
- Se ha sabido que en 2005 abortó el 49% de las chicas de 15 a 19 años que se quedaron embarazadas, un porcentaje que va en aumento desde 1990, ¿a qué se debe el aumento del número de abortos y embarazos no deseados en edades tan jóvenes?
A muchos factores que suelen ir unidos, formando una cadena: lo primero es que no existe en nuestro país una educación sexual en el aula, en las escuelas. Aunque está contemplada por la ley como asignatura transversal, muy pocas veces se aplica y cuando se hace se trata de un par de sesiones para dar información básica sobre prevención de riesgos. Por otra parte, existe entre la gente joven mucha confusión entre lo que hay que hacer y los propios deseos: las películas, las revistas, etc... están promoviendo un modelo centrado en el coito en el que otras actividades quedan en un segundo plano. ¡Curiosamente, todas esas otras actividades no posibilitan el embarazo ni muchas infecciones transmisibles! Las personas jóvenes, hasta que encuentran su propio camino, creen que la penetración vaginal es "lo que hay que hacer" y se presentan en sus primeras relaciones como si fueran a un examen: con miedos, vergüenzas… pensando que no es algo que puedan negociar, sino que tienen que seguir un guión y ya está. La penetración forma parte de ese guión obligatorio, y por supuesto si no tienen preservativos a mano no piensan "bueno, podemos obtener placer de muchas otras maneras, ya compraremos preservativos mañana" sino que lo que creen es que hay que parar en seco y eso es un "mal rollo". Por otra parte, está el manejo de la anticoncepción y de las relaciones con la pareja, que puede ser sencillo pero como todo en la vida, hay que aprenderlo: hay que aprender a poner un preservativo, hay que aprender cuándo decir que quieres ponerte el preservativo, hay que aprender qué ciertas prácticas tienen riesgos y qué otras no. Y los jóvenes se equivocan, porque están empezando, y porque nadie les ha enseñado. Ante estas equivocaciones los profesionales podemos hacer solo dos cosas: apoyarles y ofrecerles herramientas para que la situación no se repita, mostrándonos disponibles; o juzgarles y reforzar nuestro prejuicio de que los jóvenes "pasan de todo". El problema no es sólo de los jóvenes, los profesionales formamos tanto parte del problema como de la solución.
-La experiencia de vuestros monitores al dar conferencias por los institutos confirma que la ignorancia de los más jóvenes en cuestiones básicas de anticoncepción es preocupante, ¿por qué crees que están tan mal informados?
Al contrario, están sobre-informados, pero no pueden clasificar toda la información que reciben. Al no contar con educación sexual ordenada y opiniones de profesionales, para muchos jóvenes vale tanto lo que ven en una página de Internet como lo que dicen sus amigos. La información que tienen, además, no es la que va a cambiar su forma de actuar: hace falta un cambio de actitudes, algo más profundo que no se consigue con una charla en el instituto de cuatro horas, sino con verdadera educación.
-Parece que una de las claves del alto número de infecciones y de la propagación del sida está en que los adolescentes tienen una idea de estabilidad en la pareja distinta…
Sí. Se creen invulnerables si no perciben signos de enfermedad en la pareja, piensan "Si llevamos ya 4 meses y estamos sanos, aquí no hay riesgo, no pasa nada". Esto es muy curioso porque cuando hablamos con ellos en las consultas siempre llegamos a un callejón sin salida: lo saben, si les preguntas lo reconocen, pero a la vez admiten que están exponiéndose al riesgo. Y no saben por qué. Es muy duro crecer y ver que eres vulnerable, que a ti también te puede pasar, que a tu pareja le puede pasar.
-¿Hay suficientes centros de planificación del embarazo específicos para jóvenes en España?
Para nada. Hacen falta centros accesibles, abiertos los fines de semana, donde se respete la confidencialidad y se atienda a los jóvenes de forma integral. La Organización Mundial de la Salud recomienda un centro por cada 100.000 habitantes. En estos centros, además de prevención del embarazo, se pueden hacer muchas cosas. Se puede ayudar a chicos y chicas a conocerse, aceptarse y expresar su erótica de forma que se sientan felices. ¿Por qué conformarnos con evitar lo malo cuando podemos ayudar a las personas a crecer? Podemos enfocar la sexualidad como algo positivo, no solo como algo rodeado de peligros: antes era el pecado, luego la enfermedad, ahora el delito… Bueno ya basta. El sexo es un valor y tiene muchas más cosas buenas que malas. Tenemos que enseñarle a la gente lo bueno, para que puedan vivir de forma coherente. Esto es básico.
-Otro de los problemas es que los métodos anticonceptivos no tienen financiación pública, ¿hasta qué punto esta realidad compromete a los más jóvenes?
Los métodos hormonales pueden costar 14€ al mes y la anticoncepción de emergencia 20€. Los preservativos son más baratos pero también tienen coste: financiarlos para reducir su coste facilitaría el acceso a ellos a muchas personas. Cuando nos imaginamos a la gente joven a veces sólo vemos a los que van con el ipod y las zapatillas de marca, y no todos los jóvenes en España son así. No todos tienen ese dinero mensual o pueden conseguirlo sin tener que dar explicaciones, y para muchos chicos y chicas, tener que hablar con la familia sobre estos temas es algo violento. Sobre todo si los padres nunca han dado el primer paso. Facilitar los anticonceptivos gratis o más baratos haría más fácil a los jóvenes conseguirlos.
-¿Qué crees que deberían hacer los padres para tratar de evitar el alto índice de embarazos no deseados?
Los padres y madres juegan en todo esto un papel crucial. Tienen que entender que no pueden dejar su parte a la escuela o a los amigos o Internet, ya que su función no es estar a la última y conocer información sobre los avances anticonceptivos o los datos del SIDA. La función de los padres es realizar una educación sexual desde la infancia ¡No sólo en la adolescencia, cuando los chavales ya no quieren hablar! Y hacer educación sexual no es enseñarles "a hacerlo de forma sana". También es hablar de cómo se sienten, de cómo cambian, de lo que les gusta, de lo que desean… Si un padre o una madre nunca han hablado con sus hijos de quién les gusta en el colegio, o de qué es la menstruación, difícilmente los hijos van a confiar en ellos cuando tengan problemas.
Los padres han de mostrarse disponibles, y pueden hacerlo con naturalidad. Ser natural no es hablar de todo, a veces puede ser decir "Mira hijo, a mí estas cosas me dan pudor porque en mi época nunca hablábamos de sexo, pero voy a tratar de ayudarte a conseguir esa información". Eso es hacer educación sexual, también ¡Todos la hacemos, hasta cuando no hablamos de sexo estamos haciendo educación sexual, estamos diciendo: de esto no se habla!
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