VIAJES

Bellos paisajes naturales

La Vall de Boí, donde descubrir el románico catalán

Jorge me aseguró que disfrutaría del arte románico que se podía apreciar en cada pueblo. De hecho, por su magnífico patrimonio artístico y natural, la Vall de Boí ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y se considera cuna del románico en Cataluña.

La naturaleza en estado puro

Esta bella comarca, situada en el extremo nororiental español, nos mostró desde el principio su gran belleza: un valle fértil, protegido por altas montañas y picos de gran altura. Una gran alfombra de verde hierba, rica en árboles y flores, recorría toda su extensión, y sobre ella, pueblos pintorescos nos daban la bienvenida. Tampoco faltaban las cascadas y los riachuelos, que dan vida al valle. Ese hermoso paisaje natural transmitía una gran paz y tranquilidad, como si el tiempo se hubiese detenido para nosotros.

La visita de Julio César

Mi amigo Jorge me comentó que Julio César visitó esta región. Al parecer, se dirigió al pueblo de Caldés de Boí en busca de las propiedades beneficiosas de sus famosas aguas termales. Me informé también de más datos de la historia de las poblaciones del valle. Descubrí, por ejemplo, que su pasado más floreciente estuvo relacionado con el señorío de Erill, un antiguo y rico linaje del siglo XII. Bajo la protección de estos señores feudales, se construyeron los maravillosos edificios románicos que hoy podemos admirar.

El Parque Nacional de Aigüestortes

Jorge y yo nos dirigimos al Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio, cuya gran parte se asienta en este valle. Está situado muy cerca del pueblo de las poblaciones de Barruera y Espot. Quedé impresionada al ver los bosques de pino negro, o los abetos y flores tan hermosas como la orquídea o el lirio de nieve, con las altas montañas de fondo. Pude ver, fugazmente, animales protegidos, como el águila real, el pito negro o el urogallo. Pero quizá lo que más me impresionó fue la gran riqueza hidrológica del parque: tiene más de 50 lagos de origen glaciar, además de ríos, torrentes y barrancos.

Sant Climent de Taüll

Cuando nos acercamos a la población de Taüll, comprendimos por qué su Iglesia se ha convertido en el símbolo de toda la comarca. La Iglesia, llamada Sant Climent de Taüll, es de una belleza que corta la respiración. No era para menos, al ver ese edificio tan elegante y armonioso, y la facilidad con que se integra en el paisaje montañoso. Un vecino del pueblo nos comentó que la Iglesia es una de las últimas construcciones que se hicieron del románico lombardo en Cataluña, allá por el siglo XII.

La torre campanario

Mirando la iglesia con detenimiento vimos que cuenta con tres naves y que el templo aparece separado por colosales columnas. Tiene además tres ábsides, pero lo más hermoso es la torre campanario. Llaman la atención sus seis cuerpos con vanos cortados por maineles. La planta es muy estrecha, y eso da como resultado, una silueta esbelta, que parece tocar el cielo. En la cabecera descansaban anteriormente las famosas pinturas de Cristo en Majestad, pero ahora permanecen en el Museo de Arte de Cataluña.

La Iglesia de Sant Feliu en Barruera

Seguimos visitando pueblos como Barruera, para conocer de cerca las iglesias, campanarios y retablos, que han convertido el valle en un auténtico museo al aire libre del mejor arte románico en Cataluña. La población, situada a más 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar, resultaba impresionante. Sobre las casas destaca la figura de la Iglesia de Sant Feliu. Me pareció una bonita iglesia parroquial, de una nave, con su campanario de torre cuadrada y su ábside de decoración lombarda. Tiene además, dos capillas de planta cuadrada. Mi amigo me explicó que esta iglesia, que está en pie aproximadamente desde el siglo XII, ha sido declarada Bien de Interés Cultural.

Erill La Vall

Otro pueblo que conocimos en nuestra ruta fue la pequeña aldea de Erill la Vall. Lo que más nos encantó de esta pequeña aldea, de apenas 100 habitantes, fue la Iglesia de Santa Eulalia. Apreciamos que el templo, del siglo XII, tiene un esbelto y vistoso campanario, formado por seis pisos. Cuando entramos, vimos que predominaba la decoración barroca en su única nave. Tras la visita, he podido apreciar en este viaje, que la mayor parte de los pueblos de este valle pueden presumir de tener verdaderas joyas de arte. Son innumerables las iglesias que destacan por la elegancia y perfecta línea en su construcción. La visita a esta región del Vall de Boí es una acertada opción para descubrir una parte del arte románico más representativo de toda la península.

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