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Manacor, la perla de Mallorca

Manacor, la perla de Mallorca

Conocer un poco de Manacor



Mi amiga Beatriz y yo nos dirigimos, llenas de entusiasmo, a las islas Baleares, con el fin de conocer esta bella población. Beatriz me aseguró que me encantaría observar los hermosos paisajes naturales, con las cuevas, las calas y playas, los antiguos molinos de viento o los restos del poblado de la época pretalayótica de Manacor.

Las cuevas



Tenía claro que el primer lugar al que iba a dirigirme era las cuevas del Drach y las dels Hams, en las cercanías del pueblo. Las grutas no me decepcionaron en absoluto. Descubrí la mágica iluminación del interior de las cuevas del Drach, llamada así porque una leyenda popular asegura que un antiguo dragón custodiaba la entrada. Lo mejor, sin duda, fue pasear en barca por el lago Martel, que además es el lago subterráneo más grande del mundo. Era hermoso ver el reflejo del agua en el inmenso techo, lleno de estalactitas. Después nos acercamos a la cueva dels Hams. Allí, mi amiga me comentó que los científicos todavía no han encontrado una explicación a la forma caprichosa que tienen las estalactitas, que parecen anzuelos.

Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores



Después de la visita a las cuevas, conocimos la iglesia principal de Manacor, que fue construida a finales del siglo XIX. Sin embargo, como nos enteramos después, este edificio neogótico se levantó sobre las ruinas de iglesias anteriores, y todavía conserva restos más antiguos. Este dato le dio mayor encanto al templo, junto al hecho de que es la construcción de más altura de la ciudad. También destaca su campanario, conocido como Torre Rubí, en homenaje al promotor de la iglesia.

Convento y Claustro de San Vicente Ferrer



Mi amiga y yo también visitamos el convento y claustro de Sant Vicenç Ferrer, del siglo XVII al XVIII. Beatriz me dijo que me fijase en la planta basílical, que constaba de una nave, y en sus ocho capillas, porque esas características delataban que el convento seguía la típica construcción barroca en Mallorca. Además ví el órgano tubular, un antiquísimo instrumento del siglo XVIII que hacía más majestuoso, si cabe, el convento y el claustro.

Torre dels Enagistes



Un lugar importante en Manacor es la Torre del Enagistes. Un vecino nos explicó que, durante el siglo XIV, era una vivienda rural de clases señoriales. Añadió que, según una leyenda local, acogió a la Inquisición manacorina y hoy en día se ha convertido en sede del Museo de Manacor. Dentro vimos mobiliario, objetos funerarios y diferentes utensilios, que pertenecieron a los antiguos habitantes de la zona. Visitar el museo me transportó a épocas remotas de Manacor y me ayudó a entender mejor la historia de sus antepasados.

Teatro de Manacor



A continuación visitamos el teatro de Manacor, un bello edificio con espaciosas y luminosas salas que tienen nombres muy descriptivos: sala mayor, sala de arriba, sala del medio y sala de bajo. En todas ellas, según los habitantes de Manacor, se representan auténticas joyas teatrales. De hecho, el teatro es uno de los edificios más queridos por todos los vecinos de esta localidad. Después paseamos por el Puerto de Manacor, el PortoCristo. Allí encontramos cuevas artificiales, en la que se alojaban marineros y pescadores, y que se encuentran repartidas entre los modernos hoteles.

La artesanía y las perlas



Mi amiga me dijo que la ciudad de Manacor es famosa por la fabricación de las perlas artificiales. En cualquiera de las fábricas del pueblo se pueden escoger entre miles de tipos diferentes de collares, pendientes, pulseras o anillos. Mi amiga me comentó que no es extraño que estas joyas sean tan apreciadas, ya que son muy variadas y realmente preciosas. Sin embargo, esta población también tiene otros productos artesanos: es el caso de la cerámica, los muebles, la telas o la cestería. Como veis, es un buen surtido para quien disfrute comprando los productos típicos de la zona.

El suspiro de Mallorca



Beatriz y yo probamos auténticas delicias gastronómicas durante nuestra estancia en Manacor. Degustamos los sabrosos embutidos mallorquines, como las longanizas o butifarras. También probamos los calamares rellenos y el arròs brut, un arroz con carne, verdura y setas, que tiene un caldo espeso. También nos recomendaron el pescado fresco a la mallorquina o al horno, procedente del puerto. Como postre de lujo, pedimos unos suspiros, que es un plato de repostería famoso en toda Mallorca. Sin duda, este manjar tiene el nombre más adecuado para definir la satisfacción que nos produjo la visita a Manacor.

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