
Destino Menorca
Más que por un sueño, lo que me recordó que mi próximo destino sería Menorca fue la televisión. Ya ven, mientras me adormecía en el sillón de mi casa viendo un programa de documentales, allí vi las curiosas 'taules', monumentos megalíticos únicos de la isla de Menoría, y el sueño se difuminó en un santiamén. Y, en sólo unos minutos, ya estaba metiendo la ropa en la maleta con el rumbo fijado ya en Menorca.
Las taules de Menorca
Dicen los prehistoriadores que en ningún lugar del mundo hay nada parecido a las 'taules' menorquinas. A mí siempre me han recordado a los monumentos de la isla de Pascua o al Stonehenge, pero sí es cierto que las menorquinas tienen su propia historia. Hoy se acepta que la 'taula' es un monumento esencialmente religioso, referido a divinidades y misterios del culto lunar. Y es que, además, son gigantes de piedra, como la 'taula del Trepucó' con más de cuatro metros de altura.
Una leyenda
No puedo evitar sentir una especial atracción por las leyendas. Supongo que me vendrá de mi admiración adolescente por Bécquer. En Menorca, recuerdo que me contaron una leyenda en una taberna, cerca de Ferreries. Se dice por Menorca que Nuestra Señora de Monte Toro fue hallada por un padre mercedario que vio unas grandes llamas celestiales que surgían del Puig del Toro. Cuando los menorquines llegaron al lugar de los hechos encontraron la imagen de la Virgen custodiada por un buey. Según esta leyenda, la virgen habría estado escondida por miedo a las épocas de persecución.
Los pescadores de Fornells
Fornells es una visita indispensable para conocer mejor Menorca. Es el primer pueblo de pesca de Menorca y exporta buena langosta. De hecho, la dominación británica de Menorca en el siglo XVIII todavía perdura en lugares como Fornells, que impulsó la distribución de la riqueza de la isla y el puerto de Maó tuvo renombre internacional, así como las langostas de Fornells. La bahía de Fornells es como un lago pausado, tranquilo y espumoso, pero lo que más me agrada de este lugar es su faro, el más potente de la isla. También, me quedaría con la torre defensiva d'Es Moro, desde donde puede verse Cap de Caballería, lugar donde está enclavado el faro. La iglesia de Fornells es de 1650 y tiene una torre cuadrada con ventanas germinadas.
Tierra de nadie
Menorca ha sido tierra de asaltos y saqueos, invasiones e indagaciones piratas. Fueron trágicos los ataques turcos del siglo XVI, con la destrucción casi total de Maó y Ciutadella. El enclave menorquín ha sido disputado en muchas batallas, como la franco-turca contra España, o las expediciones norteafricanas. Tanto hecho bélico propulsó la construcción de murallas, refugios y torreones, y todavía algunos se conservan y dan fe del pasado, como la muralla del mar de Palma y el Bastión de Sa Font de Ciutadella.
Lagunas y albuferas
La tranquilidad es algo que valoro mucho en un día. Por ello, después de una ajetreada mañana de visita por Menorca, necesitaba un descanso. Y, para ello, nada mejor que la Vall, la albufera d'Es Grau y el Barranc d'Algendar, los conjuntos naturales de mayor belleza de Menorca. La Vall es un microcosmos de preservación de la naturaleza y se encuentra en el término municipal de Ciutadella, en la costa septentrional de la isla, un valle abrigado por pequeñas elevaciones, con un mágico torrente que discurre durante todo el año.
Cuevas
Después de un respiro, y de un buen manjar propio de la costa menorquina, nada mejor que el misterio de las cuevas de Cala Morell. Aquí se encuentran diecisiete cuevas prehistóricas excavadas en la roca que, según los arqueólogos, eran presuntos lugares de enterramiento de los hombres de la cultura pretalayótica, hace más de tres mil años. Y es, sin duda, un lugar que te pone los pelos de punta, os lo dice Marcia, pero no se puede evitar la visita.
La fiesta de los 'caixers'
Los 'caixers' presiden las fiestas de San Juan en Ciutadella. Unas fiestas que pueblan de color y bullicio la tranquila isla de Menorca, pero que, desgraciadamente, no pude visitar porque se celebran los días 23 y 24 de junio, otra vez será. Una fiesta de jinetes, donde los caballos saltan al ritmo de la música del jaleo y la fiesta tiene una vibración popular y profunda.
Los palacios menorquines
Menorca combina la influencia de los palacios mallorquines y la huella italiana de las logias. Ya en el siglo XVI, la nobleza de la isla dejó de vivir en sus posesiones y se estableció en Ciutadella, entonces la capital de la isla. Los palacios de la nobleza de Ciutadella forman un conjunto urbano armonioso, y la mayoría son de época tardía, desde fines del siglo XVIII. Y es que, en Ciutadella, hay calles que evocan al pasado, al aliento burgués y romántico de entonces, de noches de amor, duelos y honores en disputa.
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