
En esta ocasión os propongo trasladarnos hasta la ciudad de Palencia, donde conoceremos al Cristo del Otero, la 'bella desconocida' y la iglesia de San Miguel. También podremos saborear la rica y variada gastronomía palentina.
El Cristo del Otero
Una estatua de treinta metros, que domina y parece bendecir todo el paisaje, nos dio la bienvenida nada más llegar a Palencia, una ciudad que he visitado recientemente junto con mi amigo David, un viajero empedernido. Él me comentó que esta gigantesca escultura, que se llama Cristo del Otero, es la segunda imagen que representa el Corazón de Jesús más alta del mundo, después de la de Río de Janeiro. Además, los palentinos nos explicaron que debajo de la efigie hay una ermita donde está enterrado el escultor de la obra, Victorio Macho.
La catedral de Palencia
El primer lugar que visitamos, una vez dentro de Palencia, fue la catedral. Un ciudadano nos explicó que este templo es conocido como la 'bella desconocida'. El motivo de este poético nombre lo descubrí cuando traspasé sus puertas. A pesar de su fachada austera, en su interior se hallan diferentes muestras de estilos artísticos, ya que la iglesia se levantó sobre otra anterior, edificada en el siglo VIII. Me pareció una catedral impresionante, con su estilo gótico, su gran luminosidad y la riqueza de sus bóvedas. Además, quedé fascinada por su gran cantidad de obras de escultura y pintura, entre las que destaca un retablo plateresco que muestra una Virgen románica del siglo XIII.
La iglesia de San Miguel
Aunque Palencia tiene numerosas iglesias y catedrales, decidimos conocer la iglesia de San Miguel, construida en el siglo XIII, porque dicen que ofrece una de las vistas más características de la ciudad. En efecto, el templo cuenta con una torre románica de majestuoso perfil que se alza hacia el cielo, y el contraste entre el azul celeste y la fachada gótica me pareció una imagen preciosa. David y yo nos quedamos un momento en el exterior, admirando la portada principal, llena de figuras en sus seis arquivoltas. Luego, el interior nos reservaba una agradable sorpresa: bellísimos altares de los siglos XVII y XVIII, uno de los cuales refelja una imagen de la Piedad Flamenca.
La plaza de Abastos y el palacio de la Diputación
Tras la visita a la catedral y la iglesia de San Miguel, David y yo decidimos dar un paseo por la ciudad, disfrutando de sus calles, llenas de un ambiente acogedor, entre las que destaca la calle Mayor. Pasamos por la plaza de Abastos y vimos el mercado, que lleva su mismo nombre. Según me contó David, el mercado se construyó en el siglo XIX y es un curioso edificio, hecho de hierro y cristal. Como me comentó mi amigo, se trata de una construcción típica de la época. Una vez allí, nos recomendaron que nos acercáramos al palacio de la Diputación, que se halla muy cerca del mercado. Verdaderamente valió la pena la visita, porque este palacio de principios del siglo XX es una de la construcciones más sobresalientes de la ciudad, con una fachada imponente de estilo neorrenacentista, una gran escalera y un salón decorado con elementos regios en su interior.
Casa del Cordón
El siguiente paso en nuestra ruta particular por Palencia fue dirigirnos a la casa del Cordón. Se trata de un edificio muy especial porque, según nos comentaron a David y a mí, es la única construcción civil que se conserva del siglo XVI. Lo primero que me llamó la atención de esta casa fueron los dos escudos de armas de la fachada. Además, descubrí otras cosas interesantes de esta casa, como el origen de su nombre, que se debe al cordón franciscano que decora la portada de piedra de sillería. También me enteré que, durante muchos años, funcionó como una posada-fonda.
Puentecillas y puente Mayor
David me guió por Palencia hasta llegar a Puentecillas, un puente que no me podía perder, porque es el más apreciado por los palentinos. Tanto a David como a mí, nos gustó inmediatamente la hermosa figura del puente, de origen romano a pesar de su aspecto medieval, ya que fue rehabilitado en el siglo XVI. Después de conocer Puentecillas, visitamos el puente Mayor. También se trataba de una hermosa edificación, pues se trata de un puente de grandes dimensiones, construido en piedra en el siglo XVI, y que fue ampliado a finales del siglo XIX.
Museo arqueológico
Un vecino nos dijo que no podíamos irnos sin visitar el museo arqueológico provincial de Palencia, una de las joyas culturales de la ciudad. Este museo se encuentra en la casa antigua del Cordón. Dentro, descubrimos multitud de piezas arqueológicas procedentes de las excavaciones hechas en la zona. El tesoro del museo consta de multitud de objetos de todas las épocas. Resultó ser una visita muy productiva, que me ayudó a conocer muchos aspectos del pasado palentino.
La rica gastronomía y la artesanía palentina
Tantos paseos y visitas nos despertaron el hambre a David y a mí y nos dirigimos a uno de los restaurantes de la ciudad para saborear los platos típicos de la zona. En un principio no sabíamos qué pedir, ya que la gastronomía palentina tiene buena fama por su gran riqueza y variedad. Finalmente nos decidimos por una menestra palentina, una sopa castellana –con pan de hogaza, aceite, pimentón y tacos de jamón serrano- y lechazo asado. Como postre, no resistimos la tentación de probar unas porciones de la torta de almendras y los buñuelos caseros. Finalmente, como una excelente manera de finalizar nuestro viaje, compramos botijos y cántaros artesanos de Palencia, puesto que la artesanía palentina también es muy apreciada.
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